Bariloche es un destino turístico en la Patagonia Argentina sustentado en una imagen bucólica de bosques, montañas y lagos, instalada desde 1934 bajo el ideal de la Europa Alpina. Pero Bariloche es también Vuriloche, el paso que los antiguos habitantes utilizaban para cruzar la cordillera de los Andes y un polo histórico de migraciones internas.

En la parte más alta de la ciudad, oculta al ojo del turista y desconocida para gran parte de la sociedad, se extiende una zona de barrios que alberga a decenas de miles de personas y que pese a su heterogénea conformación, es noticia en los medios de comunicación por el alto índice de pobreza, el desempleo, la precariedad y los reiterados episodios de violencia. El Alto de Bariloche carga, así, con un fuerte estigma. En esta realidad, los niños y adolescentes son los grupos más vulnerables y principales víctimas de la exclusión y la falta de recursos. Muchos quedan en el ojo de las dependencias de control, que responden con represión a los problemas que se repiten.

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres (Pitágoras). Bajo esta premisa el Grupo Encuentro trabaja desde hace 25 años, con la firme convicción de que la contención y el cuidado de las nuevas generaciones son fundamentales para cortar el círculo de pobreza y desigualdad. Este grupo de “educadores populares” acompañan cada día a pibes de entre 5 y 15 años en situación de riesgo, para ayudarles a resolver sus necesidades básicas y favorecer su desarrollo personal. No mediante el asistencialismo, sino centrándose en la educación, la estimulación de la sensibilidad y la generación de recursos. Para que desde la solidaridad, el trabajo, el esfuerzo y el juego puedan reconocerse como protagonistas de su propia historia y construyan nuevos proyectos de vida.

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